23 de agosto de 2008

Baldomero Fernández Moreno



"...Pienso en ti, en tus ojos, en tu tarde...
y me quisiera henchir como una vela
y me refugio en mi interior, cobarde..."



AROMAS

Cuando regreso a casa no me lavo las manos
si es que he estado contigo un instante no más,
el aroma retengo que tú dejas en ellas
como una joya vaga o una flor ideal.

Por aquí huelo a rosas y por allá a jazmines,
alientos de tus ropas, auras de tu beldad,
aproximo una silla y me siento a la mesa
y sabe a ti y a trigo el bocado de pan.

Y todo el mundo ignora por qué huelo mis manos
o las miro a menudo con tanta suavidad,
o las alzo a la luna bajo las arboledas
como si fueran dignas de hundirse en tu cristal.

Y así hasta media noche cuando vuelvo rendido
pegado a las fachadas y me voy a acostar,
entonces tengo envidia del agua que las lava
y que, con tu perfume, da un suspiro y se va


ACABO DE PASAR , AMOR, POR EL CORREO...

Acabo de pasar, amor, por el correo,
-chisporrotea el lacre, oscila la balanza-
es como un girasol de oro mi deseo
y como una ramita de espliego mi esperanza.

Aquí estoy con tu carta, al sesgo, en una mano
emboscado en esta sombría callejuela....
Tu carta, que es la última rosa de mi verano.
Déjame que la palpe, la sopese y la huela.



ADIÓS

Adiós la casa blanca que albergó un año entero
entre sus cuatro muros el amor verdadero.

Adiós campos extensos, polvorientos caminos.
Adiós los pobres ranchos de los pobres vecinos.

Adiós los trigos de oro, adiós verdes maizales,
las refinadas hierbas, los bravos pajonales...

Adiós toros y vacas, adiós caballos, yeguas...
El tren nos va a llevar a muchísimas leguas.

Sé que soy un ingrato, casa mía, al dejarte.
La paz que hube en tu seno no la habré en otra parte.

Más regalada mesa no la tendré en mi vida,
ni en noche más oscura la cama más mullida.

En vano me sonríe, tímida, la Esperanza.
La angustia que me oprime, ¡oh, casa!, es tu venganza.


AMANTES

Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.

Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes...
y he aquí el nudo sexual deshecho.

Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,

un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente


ANOCHE HABÍA BARRAS DE LUZ EN TU PERSIANA...

Anoche había barras de luz en tu persiana
y alcé hacia ti los ojos en actitud de ruego,
como diciendo: Abre, señora castellana...
Y me perdí en la calle, triste y oblicuo, luego.

En esa luz naufragan tus ojos lentamente,
verdes como la flor más allá de la mar:
tus manos, dedo a dedo, sueño a sueño tu frente.
Ya es una misma cosa el rezar y el soñar.


AUSENCIA

Es menester que vengas,
mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho,
y torno a ser el hombre abandonado
que antaño fui, mujer, y tengo miedo.

¡Qué sabia dirección la de tus manos!
¡Qué alta luz la de tus ojos negros!
Trabajar a tu lado, ¡qué alegríaI;
descansar a tu lado, ¡qué sosiegoI

Desde que tú no estás no sé cómo andan
las horas de comer y las del sueño,
siempre de mal humor y fatigado,
ni abro los libros ya, ni escribo versos.

Algunas estrofillas se me ocurren
e indiferente, al aire las entrego.
Nadie cambia mi pluma si está vieja
ni pone tinta fresca en el tintero,
un polvillo sutil cubre los muebles
y el agua se ha podrido en los floreros.

No tienen para mí ningún encanto
a no ser los marchitos del recuerdo,
los amables rincones de la casa,
y ni salgo al jardín, ni voy al huerto.
Y eso que una violenta Primavera
ha encendido las rosas en los cercos
y ha puesto tantas hojas en los árboles
que encontrarías el jardín pequeño.

Hay lilas de suavísimos matices
y pensamientos de hondo terciopelo,
pero yo paso al lado de las flores
caída la cabeza sobre el pecho,
que hasta las flores me parecen ásperas
acostumbrado a acariciar tu cuerpo.

Me consumo de amor inútilmente
en el antiguo, torneado lecho,
en vano estiro mis delgados brazos,
tan sólo estrujo sombras en mis dedos...

Es menester que vengas;
mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho.
Ya sabes que sin ti no valgo nada,
que soy como una viña por el suelo,
¡álzame dulcemente con tus manos
y brillarán al sol racimos nuevos.


COMO SOBRE UNA TAPIA SE ADORMECE UNA ROSA...

Como sobre una tapia se adormece una rosa
yo quisiera tu grave cabecita en mi hombro,
espontánea, caída, comprensiva, mimosa,
sin un soplo de miedo, ni una brizna de asombro.

Y contemplarte luego a la luz de una estrella
interminablemente de la frente a la boca,
como contempla el agua, inclinada sobre ella,
la frente taciturna y eterna de una roca.


CONTEMPLACIÓN DEL BESO

Debe el beso venir desde la hondura
de una cabeza baja y atraída
en la penumbra gris desvanecida
mientras un viento vuele de frescura.

Boca entreabierta, elástica, madura,
que en el atardecer se haga una herida.
Toda ella roja de profunda vida
con un signo mortal: la dentadura.

Verlo avanzar después muy lentamente
como un ascua encendida o roja estrella
y detenerlo, ay, súbitamente.

Contemplarlo en deliquio y miel de abella,
huir la boca por rozar la frente
y a ella volver para morir en ella.


DULCE AMOR DE PASILLOS...

Dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones,
cuando ya es una bruma el aliento deshecho.
Sentir sobre mi pecho la amplitud de tu pecho
y como dos deditos pequeños tus pezones.

Y bajar la escalera trémulo de deseo
aprovechando el último peldaño para verte.
Hasta que el frío dé cuenta de mi deseo.
(El frío no podrá y no sé si la muerte...)


PENUMBRA

Nunca podrás ver nada claramente:
todo es zarzal, espinas y maraña.
En vano gastarás toda tu maña
contra el dorado pájaro latente.

Errado el tiro, vuelves bruscamente
el arma hacia otro lado, mas te engaña
la jugada de sol que el árbol baña.
Te vuelves loco y lloras tristemente.

Todo del tonel sale de la vida
tosco, deforme y dando tropezones.
Dejas pasar los años y su herida,

y cuando quieras darte explicaciones
ni te sirvió la espuela ni la brida:
un pétalo fue más que tus razones.


POCO A POCO SE HACE LA LUZ EN TU VESTIDO...

V

Poco a poco se hace la luz en tu vestido,
la noche de tu traje se disuelve en la aurora.
La primavera próxima te regala su flora,
su ligereza el aire y el agua su latido.

LXX

Profunda, ardiente, plástica, flexible,
casi palpable como miel sonora,
más que sobre tus ojos o tus labios,
sobre tu voz, te reconstruyo toda...

VI

La ciudad, que ya empieza, alondra blanca, a amarte
te dibuja la cara, y más te la ilumina,
con pinceles mimosos, con delicado arte
como nunca lo haría la acuarela más fina.

Y te pinta de azul y de verde y de rosa
según sea el aviso que surge a nuestro paso.
Te desmaterializa, te torna mariposa,
como ninguna aurora, como ningún ocaso.

XII

Sólo con apoyar el codo en una mesa,
acordarme de ti y mirar al vacío
y ver brillar en él tu cabellera espesa
que a veces es un lago y a veces es un río,

me lleno de palabras, me lleno de ternura,
primaveral manzano en mitad del invierno.
Pero hay que soñar poco y escribir con mesura
que se trata de ti, es decir de lo eterno.

LV

Adoro tu manera menudita y brumosa,
hecha de pizcas grises y dorados reflejos,
de oscurecer el sol y de velar la rosa,
de mirar a los pies, y mirar a lo lejos.

Me gusta verte quieta, fundida en el paisaje,
maraña de ladrillo, de sauces y de río,
inmóvil en la hoja lóbrega de tu traje....
fundida en el paisaje pero al costado mío.

LXXXII

El cuello se te llena, amor, de corazones
si rozo tus mejillas. Como un agua palpita.
Traduce dulcemente todas tus sensaciones
con una precisión admirable, infinita.

Detrás está la noche y los ramos copiosos
y mi brazo, y en él, tu cabeza perdida.
Los ojos apacibles se tornan dolorosos
y no sé si te vas o vuelves a la vida.


PRESENTACIÓN

Esta que viene aquí toda vestida
de un traje blanco y un negro sombrero
tiene la obligación de mi sendero
y las rosas y espinas de mi vida.

Porque una noche el ánima afligida,
mustia de soledad, dijo: Te quiero.
Hace ya mucho tiempo que te espero
con una mano lánguida extendida.

Era una rara orquesta de violines,
era un pasar de extraños bailarines,
era un degüello de camelias rosas

bajo tus finas manos temblorosas.
¡Era que el corazón se me moría
de tanto, amada, como te quería!


TAL VEZ HAYA SOÑADO CON UN BESO INSTANTÁNEO..

Tal vez haya soñado con un beso instantáneo,
dos estrellas fundidas augustamente en una.
Un temblor en el cuerpo y un mareo en el cráneo
y un ponerse la sangre del color de la luna.

No, jamás me has besado ni siquiera la frente,
sólo has puesto los labios o los atraje yo.
Continuaré soñando, Alondra, eternamente.
Ni tú tienes derecho a decirme que no.


SETENTA BALCONES Y NINGUNA FLOR

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza
¡dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta lleno de ilusiones?

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá una clave...

¡Setenta balcones y ninguna flor!














BIOGRAFÍA


Baldomero Eugenio Otto Fernández Moreno, primero de cinco hermanos, nace en Buenos Aires (República Argentina) el 15 de noviembre de 1886, en una amplia casa de la calle México. Sus padres, Baldomero Fernández y Amelia Moreno, comerciantes españoles, castellanos, gozan de una posición económica muy sólida, la que, sin embargo, se irá deteriorando paulatinamente, hasta alcanzar la ruina total.

Es por este motivo que la infancia de Baldomero en la casa de la calle México 671 dura sólo tres años, ya que su padre debe rematarla, contrariando así los "deseos de eternidad" que lo habían llevado a construirla.

Poco después, la familia realiza un breve viaje a Europa. Tras permanecer en Buenos Aires cerca de tres años más, y contando Baldomero seis, la familia se dirige a España, esta vez con la intención de un arraigo definitivo.


Así, en 1892, llega Fernández Moreno a Bárcena, la aldea paterna santanderina, enclavada en la montaña y de cara al mar. Pasa allí los años decisivos de la infancia, que habrían de dejar una impronta indeleble en su obra, y que evocará más tarde en "La patria desconocida" y en "Aldea española". La prosperidad económica y la sencillez aldeana permiten a Baldomero acceder a una infancia venturosa.

Bien pronto comienzan para él los años de escuela. La escuela aldeana, a cargo de un solo maestro, ofrece una enseñanza rudimentaria, en la que se alterna la gramática con la historia sagrada y las matemáticas elementales. Núcleo fundamental de la aldea santanderina es la vieja iglesia románica, a la cual los Fernández concurren con asiduidad. Estas tempranas experiencias, las costumbres sencillas de la aldea, los juegos con los otros niños del lugar, los paseos a los pueblos lindantes y al mar fecundan para siempre al futuro poeta.

En el verano de 1897, Baldomero Fernández, tentado una vez más por la ambición de nuevas riquezas, regresa a la Argentina. Pronto llega el momento de cursar el bachillerato, y Baldomero ingresa al Instituto del Cardenal Cisneros.

En Buenos Aires, el nuevo alumno del Liceo Ibérico Platense se destaca por su conducta y aplicación, no obstante sorprenderle el rigor que allí se imprime a los estudios, bien lejos de la indulgencia de los años madrileños.

En este establecimiento de enseñanza comienza a descubrir a los poetas argentinos y americanos, y también a los españoles: Echeverría, Obligado, Núñez de Arce, Campoamor.


Al mismo tiempo, se despierta en él una verdadera fiebre de lecturas, pero sin demasiado espíritu selectivo, pues lo que cae en sus manos en el hogar de comerciantes españoles importa una verdadera miscelánea.

Las constantes vicisitudes económicas de Baldomero Fernández tienen un vuelco favorable, y en 1902 la familia se traslada a una quinta del barrio de Almagro, que en algo les recuerda la magnífica casa de Bárcena. Pero esta prosperidad no dura mucho, ya que nuevas desdichas económicas obligan a Baldomero Fernández a realizar un viaje por Europa, verdadero comienzo del derrumbe económico de su casa.

El joven concluye, en el viejo Nacional Central de su Elegía, sus estudios de bachiller.

Los próximos pasos de Baldomero consisten en el ingreso a la Facultad de Medicina, vocación que el niño había antepuesto siempre a la de comerciante que le señalaban sus padres. Entretanto, la ruina económica de la familia se ha acelerado, multiplicándose en los últimos tiempos las consabidas mudanzas; por último, han debido refugiarse en una vieja y alejada casa de Floresta.

Durante estos años de soledad y de sacrificio, años de estudios intensos y, sobre todo, de lecturas constantes, se van delineando poco a poco las preferencias literarias del joven: primero, los "parnasos americanos, apeñuscados y pintorescos", son desplazados por las Rimas de Bécquer; luego vendrán Lugones, Darío y los hermanos Machado, en particular Antonio; más adelante, Baudelaire y Verlaine.

En 1912, tocan a su término estos años de estudio y de prácticas en el Hospital Español, el flamante médico recibe su diploma. Tiene veinticinco años, y mientras sus compañeros de Facultad han marcado ya el rumbo que han de seguir, él, indeciso, y además escindido por las contradicciones surgidas de su doble vocación, acepta visitar Chascomús a instancias de un amigo.

No sin cierta indiferencia, decide quedarse, y muy pronto instala allí su consultorio. Son casi dos años de prueba en el pueblo bonaerense, donde el joven médico alterna el ejercicio de su profesión con el ejercicio de la poesía, en la que ya se empieza a escuchar su propia voz, despojada del tono imitativo de sus versos de adolescencia. Los pacientes son pocos y la vida pueblerina no ofrece mayores atractivos.

Es necesario pasar el tiempo de alguna manera, y las veladas de póquer y truco en el Club Social o en el de Regatas son citas obligadas. El médico deja entonces Chascomús y, tras explorar algunos pueblos pampeanos, se instala a principios de 1914, en Catriló, localidad situada en medio de la pampa y la soledad.

En 1915, a instancias de los amigos, publica su primer libro de poesías: "Los iniciales del misal". El éxito de su primer libro, el entusiasmo y el desorden de la vida y de las amistades literarias, el café y la calle, imposibilitan casi totalmente su labor de médico, y ésta va cayendo en un abandono cada vez mayor.

En 1918, publica "Por el amor y por ella", y al año siguiente, el 22 de enero, se casa con la inspiradora de estos poemas, Dalmira del Carmen López Osornio a quien conoció en Chascomús.

El matrimonio se instala en Huanguelén, naciente pueblito del sur de la provincia de Buenos Aires, donde reside. Allí escribe "El hogar en el campo", reflejo del primer año de casado, que se publica recién en 1923.

Durante casi todo el año 1920, reside nuevamente en Buenos Aires, para volver luego a Chascomús, donde permanece hasta 1924: son los últimos años de su ejercicio de la medicina. En efecto, la escisión surgida de las contradicciones que le plantean sus dos vocaciones paralelas, la de médico y la de poeta.

La crisis se resuelve con el abandono definitivo de la medicina, y ésta es reemplazada por el ejercicio del profesorado secundario: instalado definitivamente en Buenos Aires, donde residirá hasta su muerte, el poeta se muestra categórico en su decisión: aceptará unas cátedras, pero además serán de literatura e historia.

Al volver a Buenos Aires, el poeta retoma las caminatas interminables por la ciudad, allí suele encontrarse con algunas de las figuras más relevantes del mundo literario porteño: Alfonsina Storni, Enrique Méndez Calzada, Nicolás Coronado. De esos años data una amistad entrañable, que conservará hasta su muerte: la del uruguayo Enrique Amorin.

En 1919, había nacido su hijo César. Este acontecimiento llena al poeta de profunda felicidad. Más tarde, serán Dalmira, Ariel, Manrique y Clara, quienes harán que "El hijo", publicado en 1926, se trasforme en "Los hijos".


Su mujer, los niños, la vida familiar, la tranquila felicidad doméstica, serán una constante en su poesía. La publicación de "Versos de Negrita" data de 1920. A esta altura de su producción, la base temática de su poesía ya está claramente delimitada, y será, a la larga, la de su Obra Ordenada: ciudad, pueblo, campo, amor, hogar. En 1921 y 1922 publica sus dos primeros libros de tipo acumulativo, es decir, colecciones escritas en un lapso determinado, que enriquecen los temas anteriores, pero no inauguran otros nuevos: ellos son "Nuevos poemas" y "Mil novecientos veintidós".

"Aldea española", escrita entre 1923 y 1924, recuerdo emocionado de los años de infancia en Bárcena, se publica en 1925. Esta rememoración lírica consagra definitivamente al poeta, y el reconocimiento oficial le otorga al año siguiente -1926- el Primer Premio Municipal de Poesía. Es éste también el año de la publicación de su libro "El hijo". La mayoría de las composiciones que lo integran datan de los años de Chascomús, 1920-24.

La etapa -de formalismo poético que Fernández Moreno ha comenzado a practicar en "Aldea española", se continúa en "Décimas y Poesía" (ambos de 1928), "Sonetos" (1929), "Romances" (1936) y "Seguidillas" (1936). En 1925 se funda la Sociedad de Escritores, núcleo generador de la actual SADE; y toca a Baldomero Fernández Moreno presidir su comisión directiva.

En 1937, un hecho sume al poeta en un profundo estado depresivo, provocándole un "descenso del nivel vital", que se prolonga hasta fines de 1939. Este hecho es la muerte de su hijo Ariel, de diez años de edad. Durante ese lapso, la cosmovisión del poeta se ensombrece, se vuelve oscura y desesperada.

Esta visión cobra forma en una serie de breves poemas agrupados, que llevan el nombre de "Penumbra", y que en conjunto sólo se publican en 1951, después de su muerte.

Sus obras "Dos poemas" y "Romances" y "Seguidillas", ambas de 1936, resultan acreedoras al Primer Premio Nacional de Poesía correspondiente al período 1933-37.

El poeta adquiere una casa en Flores, instalándose en ella en 1938, la vida en este antiguo barrio de Buenos Aires, donde había pasado años de su juventud, y donde permanece hasta su muerte, da lugar a una serie de poemas.

Al cumplirse los veinticinco años de la publicación de su primer libro, "Las iniciales del misal", la SADE le dedica un estruendoso homenaje en el Teatro del Pueblo, que alcanza gran repercusión pública. 1943 marca la fecha de publicación de San José de Flores y La patria desconocida; primera parte de su autobiografía. pero a partir del año siguiente, el poeta cae en un nuevo estado depresivo, de características semejantes a las del anterior, y del que se irá recuperando muy lentamente.

En 1945 nace su primera nieta: comienza entonces a escribir los poemas que integrarán el "Libro de Marcela", que se publica en 1951, en un solo volumen, con "Penumbra".

Los seis últimos años de su vida transcurren en dura lucha con su insomnio y su equilibrio nervioso. "Todo me hace mal, lo exterior y lo interior. No sé nada de mí." "Es media tarde; y ya empiezo a temblar; la ansiedad viene con la noche".

En 1949, el poeta publica "Parva", y al año siguiente, el 13 de junio de 1950, recibe una nueva consagración oficial: la Sociedad Argentina de Escritores le otorga el Gran Premio de Honor por este último libro, premio que encierra un reconocimiento a toda su obra.

Pocos días después, el 7 de julio, muere súbitamente, de un derrame cerebral.

Años atrás, había entregado a su hijo César una serie de disposiciones que, en caso de muerte, éste debía cumplir: "No se permitirá absolutamente a nadie, ni al pariente más cercano, la entrada a mi casa." Y mi deseo es que en un taxi cualquiera me acompañe hasta donde sea mi hijo César, absolutamente solo". Sin embargo, se lo vela en la Casa del Escritor. En tal sentido, aclara César Fernández Moreno: "No cumplí estas instrucciones: las consideré revocadas por los años de plenitud que él alcanzó a vivir entre 1940 y 1944. Habían pasado doce años, ahora era otra muerte." Y más adelante: "Pero no pude hacerme dueño único de su muerte: me pareció que pertenecía a todos, como su vida. ¿No lo había dicho él mismo?.

Obtuvo entre otras merecidas recompensas, el Primer Premio Nacional de Literatura, y fue objeto, al cumplir sus bodas de plata con la poesía, en 1940, de un gran homenaje en el Teatro del Pueblo.



Sus Obras:

Los libros de Fernández Moreno recogen todo un universo poético (la ciudad, el campo, la aldea española, la novia, el hijo, etc.), simple, evocado en imágenes directas, a veces desconcertantes por lo triviales, en el cual se funde su propia alma de poeta.

Publicó un volumen de sentencias y aforismos titulados "La mariposa y la viga" donde se reconoce la hondura de su tono que se vuelve patético en sus últimos libros por la presencia premonitoria de la muerte. Sus Principales Obras son: "Las iniciales del misal" (1915) - "Intermedio provinciano" (1916) - "Ciudad" (1917) - "Por el amor y por ella" (1918) - "Campo argentino" (1919) - "Versos de negrita" (1920) - "Nuevos poemas" (1921) - "Mil novecientos veintidós" (1922) - "Canto de amor, de luz, de agua" (1922) - "El hogar en el campo" (1923) - "Aldea española" (1925) - "El hijo" (1926) - "Décimas" (1928) - "Poesía" (1928) - "Sonetos" (1929) - "Último cofre de Negrita" (1929) - "Cuadernillo de verano"(1931) - "Dos poemas" (1935) - " Romances" (1936) - "Seguidillas" (1936) - "Continuación" (1938) - "Buenos Aires (Ciudad, pueblo, campo)" (1941) - "Yo médico, yo catedrático" (1941) - "San José de Flores" (1943) - "Parva" (1949) - "Viaje del Tucumán" (1949) - "Ciudad" (1949) - "Suplementos" (1950) - "Penumbra. Libro de Marcela" (1951).

Reunió lo mejor de su producción en Antología poética (1941).

Sus obras en prosa: La mariposa y la viga (1947) y La patria desconocida, hacen de él uno de los mejores prosistas de nuestro tiempo.


En el obelisco


En el frente que da al lado sur, en su base, en un muy pequeño rectángulo, se encuentra escrito este soneto de Baldomero Fernández Moreno, que escribió durante una cena de homenje en el Alvear Palace Hotel a Prebisch (según la anécdota lo escribió en una servilleta y se lo entregó a su esposa):

El Obelisco
¿Donde tenía la ciudad guardada
esta espada de plata refulgente
desenvainada repentinamente
y a los cielos azules asestada?
Ahora puede lanzarse la mirada
harta de andar rastrera y penitente
piedra arriba hacia el Sol omnipotente
y descender espiritualizada.
Rayo de luna o desgarrón de viento
en símbolo cuajado y monumento
índice, surtidor, llama, palmera.
La estrella arriba y la centella abajo,
que la idea, el ensueño y el trabajo
giren a tus pies, devanedera.

http://es.wikipedia.org/wiki/Obelisco_de_Buenos_Aires

Su poesía,

universal y hondamente nacional al mismo tiempo, ha inmortalizado la geografía íntima de los barrios porteños y la cálida placidez de las provincias y el campo argentino.

Su infancia en España y su admiración por Antonio Machado también han dejado huella en su obra, ajena al modernismo en boga cuando publica su primer libro a los 29 años,(Las iniciales del misal) en 1915. Su obra, en la que no puede dejar de estar presente la admiración por Lugones, se adscribe al denominado "sencillismo".

Tanto Borges como Martínez Estrada, han ponderado su mirada de poeta para captar perspicazmente la realidad urbana o rural. En algunos de sus versos Borges dice que Buenos Aires fue "vista para siempre" por Baldomero.

El autor de "Radiografía de la pampa" dedicó páginas muy lúcidas al poeta. En ellas señala que en nuestro medio es el primer autor que se instala en el centro de su obra, vivo y entero. Sin preocuparse de lo que acaecía en el mundo literario que lo circundaba.

Fernández Moreno -expresa- es al mismo tiempo el poeta de Buenos Aires y el de nuestros campos y pueblos. Un breve poema magistral, también muy ponderado por Borges por su paradigmática y mágica sencillez, nos descubre la provincia y la pampa en breves trazos:

"Ocre y abierto en huellas, el camino
separa opacamente los sembrados.
Lejos, la margarita de un molino."

El horizonte de su poesía toda tiene los límites de las cosas evidentes,que se pueden tocar y que son siempre verdaderas. Todos sus versos son limpios y son claros, y buenos, como él. Prescinde de ideas que busquen sobrepasar la realidad y se distancia de las palabras que echan sus sombras distorsionadoras sobre las seres. Su habla, su vocabulario, solamente registran la denominación de lo que tiene dignidad, belleza y certidumbre.

Su obra bella, transparente y profunda ha sido alcanzada sólo por grandes poetas.
En sus versos cuidados y sencillos, con toques de pintura excepcional sobre los temas que trata, llega al lector con la fuerza no igualada de las cosas simples, pero hondas.

Ante su poesía, nada alambicada, ni siquiera en la de su época final, más elaborada, no podemos dejar de sentirnos hondamente conmovidos.

En sus versos se trasunta un alma noble, un corazón sensible y tierno, el amor por lo esencial del asunto. Cuidado de la palabra -heredado de sus ancestros españoles al decir de Martínez Estrada- y una lírica permanentemente emotiva, lo definen.


La casa donde vivió en el barrio de Flores Sur en la ciudad de Buenos Aires aún se conserva, en su homenaje se ha bautizado con su nombre a una calle de esa barriada.

En esa hermosa casona una placa de bronce en el frente, recuerda que allí vivió el poeta. Concretamente, se encuentra sobre Francisco Bilbao y Rivera Indarte. Fue un gran poeta argentino.

Aunque llegó a ser un lugar común recordar
"Setenta balcones y ninguna flor", cabe mencionar piezas antológicas. Citemos, al azar, "Una estrella", "El poeta y la calle", "La vaca muerta"... En verdad, la mayor parte de sus poemas, son memorables.





Datos y fotos tomados de internet

http://es.wikipedia.org/wiki/Baldomero_Fern%C3%A1ndez_Moreno
http://members.fortunecity.com/detalles2002/poesia/baldomero/baldomero.html
http://www.educared.org.ar/biblioteca/guiadeletras/archivos/fernandez_moreno_baldomero/index.htm







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6 comentarios:

MentesSueltas dijo...

Hola, pasaba saludando y dejando mi abrazo de siempre.
Estoy con poco tiempo, no queria dejar de visitarte.

MentesSueltas

TINTA DEL CORAZON dijo...

BALDOMERO!!! genio!!!! mi preferido
junto a discepolo...
Excelente selección...
cariños.

.:*:. Ferípula .:*:. dijo...

Ay...Baldomero,
no quedan sueños en tu tintero?

Yo tengo un balcón
con sesenta flores!
(sin contar a esta paloma que anida mirándome de reojo...
atrevida, persistente, invasora permitida)

Venís? ;)

.:*:. Ferípula .:*:. dijo...

Safi!!! es que yo pensé que HOY era jueves!!!!!!jaaaaaaa!!!!!
Mirá! Será la tormenta de Santa Rosa????
Tengo goteras en la azotea!!!jajaja!!!!

MARISEL dijo...

AMOR Y POESÍA UNA CONJUNCIÓN MARAVILLOSAS EN LAS LETRAS DE UN POETA...ME ENCANTO LEERLAS.
y LAS CANCIONES DE ESE GRANDE SANDRO DE AMÉRICA, ME RECUERDA MI NIÑEZ...
BESOS

yermandeluxe dijo...

COMO ESCRIBIA ESTE HOMBRE POR DIOS LO LEO Y ME QUEMA LA LAPICERA DE LA VERGUENZA ANTE TANTA OBRA BUENA COMO ME ARRIESGO A ESGRIBIR.

BESOS Y SALUTES

YERMANDELUXE.

AVISO ESTOY MUY BIEN DE SALUD GRACIAS A LOS QUE SE PREOCUPARON