8 de octubre de 2009

El candil de la nona

por Mamerto Menapace


Ha quedado en mi recuerdo como uno de esos objetos sin edad.

Como si a fuerza de estar y de alumbrar, hubiera logrado vencer el tiempo y permanecer.

Era una lámpara antigua de bronce. Tampoco podría afirmar, al revivirla hoy en mi recuerdo, si lo que la adornaba eran dibujos o simplemente arrugas con las que la vida y los acontecimientos habían ido ganándole un rostro.

Tenía ese noble color del bronce, y la capacidad de alumbrar en silencio.

Era una lámpara con pie. Cuando se la encendía, se la colocaba siempre en el centro de la mesa familiar. De ahí que su recuerdo lo tengo acollarado a las noches de invierno. Porque en verano vivíamos a la intemperie, y entonces no se usaba la lámpara, sino un farol que se colgaba de las ramas del árbol del patio.

Pero la lámpara de bronce tenía esa rara cualidad de crear la intimidad. Objeto quedado, de entre miles de objetos idos, la vieja lámpara de bronce parecía haber asumido en lo más íntimo de sí su propia soledad, y quizá fuera de allí de donde sacara esa misteriosa fuerza para crear la comunión.

Cuando entrada la noche se encendía la lámpara, parecía que su luz quieta hiciera crecer a su alrededor el silencio, y no sé qué misterio viejo. Mirando su llamita, los niños dilatábamos las pupilas, y quietos de cuerpo y alma, remábamos tiempo adentro. Hacia esa época legendaria en que grandes vapores llenos de inmigrantes avanzaban por el mar hacia nosotros. En uno de ellos había venido a desembarcar en nuestra mesa aquella lámpara.

Entre nosotros su luz creaba esa misteriosa realidad de hacernos sentir con raíces, viniendo de un tiempo viejo. Sabíamos que en otros tiempos su luz había alumbrado fiestas bulliciosas; que en ocasiones había creado la sombra precisa para ocultar una mirada furtiva; y que su llama había mantenido la luz necesaria para alimentar las confidencias.

En aquellos tiempos viejos, quizá había sido en las noches de la llanura la única respuesta de luz en leguas a la redonda, para el diálogo de nuestros abuelos con las estrellas.

No la sentíamos vieja. Porque intuíamos que había superado el tiempo. De la misma manera no nos atrevíamos a llamar vieja a una fruta madura. Madura de alumbrar, había terminado por asumir la vida en sí misma. Uno sabía que esa madurez de vida era el combustible que le permitía seguir alumbrando quieto.

Porque tenía una rara manera de alumbrar sin hacer ruido: tenía una luz mansa.

Aparecía entre nosotros a eso de la oración; y su presencia en la mesa familiar convertía en liturgia esos ritos primordiales de partir en cada plato la polenta humeante y el guiso oscuro y fuerte.

Cuando luego de unos años de ausencia volví a mi familia, la vieja lámpara ya no estaba allí con su color bronce y su luz mansa. Pero su ausencia seguía creando ese hueco de silencio familiar.

El candil de la nona fue en mi vida uno de esos objetos vivientes que me enseñaron que los humanos también tenemos raíces.


*Hay objetos, situaciones, personas… que nos hablan más allá de lo que son, porque nos hablan al corazón, con un lenguaje "sacramental".

por Mamerto Menapace, publicado en La sal de la tierra,
Editorial Patria Grande



El padre Mamerto Menapace, Abad del monasterio benedictino de Los Toldos en Azul, provincia de Buenos Aires. El silencio del monasterio y su origen pueblerino hacen de Mamerto Menapace un monje simple, abierto.
Con sus 38 libros entre cuentos, fábulas, poemas, llegó a varias generaciones con su ameno mensaje espiritual y es un referente de lectura para los jóvenes . A más de 30 años de su primer libro, sigue siendo un monje de poncho y mate que no deja de anunciar el Evangelio con humor.


http://www.buenasnuevas.com/recursos/cuentos/cuento-6.htm



Entradas anteriores

http://arimtienezafirosypiedrasenelzapato.blogspot.com/search/label/Mamerto%20Menapace









9 comentarios:

PIZARR dijo...

Me ha gustado muchísimo el relato del candil. Mientras lo leís pensaba en lso candiles de bronce que tenía mi abuela, algunos de los cuales conservo yo.

Que cierto es eso de que a veces los objetos nos hablan y nos cuentas sus vidas...

Me ha encantado cococer al padre Mamerto Menapace, Abad del monasterio benedictino de Los Toldos en Azul, provincia de Buenos Aires.

Un abrazo

Airblue dijo...

¡Qué bonito! yo tampoco conocía al padre Mamerto.

Esos candiles, quinqués y pequeñas lámparas que han vivido generaciones y han presenciado tantas vivencias... Me gustan los objetos antíguos, me llevan de regreso a mi infancia (y ya vuelvo a recordar), creo que en todas las casas de las abuelas había alguno.

Acogedora escena la de escribir un poema a la luz de un candil.

Un beso princesa.

Abril Lech dijo...

Placer de leer esta entrada... ni hablar de la música que me recibe. A Mamerto menapache lo amo. Hice algunos retiros con él y disfrutaba de escucharlo en la radio por las mañanas al levantarme... Es un hombre santo...

Mis golondrinas están armando el nido y ya bailan delante de mi ventana, gracias a Dios. Hubiera sido triste esta primavera sin ellas. Y mis kalas... están plenas de flores blancas... La única que está con sobreagotamiento soy yo... me cuesta hasta sentarme a escribir en la PC... insólito en mi. Te dejo un beso...

SAFIRO dijo...

PIZARR
Es verdad, lleva a recordar el de la casa de los abuelos, también recuerdo la radio grande de madera ¡me encantaban!

Te saludé en la última entrada, Pizarr, pero quiero volver por los Bonsai (con mi padre teníamos algunos), vengo lerda, estuve atendiendo visitas indeseables:unos Troyanos en la PC y también gripe para mi.
Espero que las visitas no se repitan.

Un abrazo, Pizarr

SAFIRO dijo...

AIRBLUE
El padre Menapace tiene cuentos bellísimos y una manera muy cálida de narrarlos y dejar un mensaje.

También me gustan los objetos antiguos, será tal vez porque nos hablan de otros tiempos y nos recuerdan con su presencia a otras personas y situaciones.
Es poético, pero a mi me mareaban esas luces cuando leía (en algún corte de energía eléctrica lo intenté...¿qué creías?).

Ya voy Air, esperame con un té, con limón y miel, por favor.

Besos!

CANTO EN FLOR dijo...

Mi soledad en mi casita de maestra rural estuvo acompañada por una lámpara como ésta...

No era de bronce,
más bien era de cristal,
sencilla pero llena de bondad para llenar con su luz inmensas noches de nostalgia
y sueños vestidos de promesas.

Un beso agradecido por los recuerdos.

"Premio Maria Amelia Lòpez Soliño" dijo...

A todos nuestros seguidores y amigos: Os rogamos que leáis el último post publicado en el blog.
Ante la negativa del concello (ayuntamiento) de Muxía de instaurar un premio para mayores blogueros, argumentando que "son muy pocos los que tienen blog" (¿?), solicitamos vuestras opiniones, de vital importancia, para establecer una nueva base y estrategia sobre las que poder continuar con el proyecto.
Gracias por vuestra colaboración.

si este mensaje te ha llegado repetido, te pedimos disculpas

Celia Rivera Gutierrez dijo...

Hermoso relato nos comparte querida Safiro.

Buen fin de semana

Celia

PIZARR dijo...

Espero que la gripe haya ya pasado de largo y estes mejor.

Un abrazo cariñoso que te ayude a alejarla si anda todavía por tus lares.