19 de marzo de 2009

FRANCISCO-PACO-URONDO

"Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco."



"Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo."


Francisco "Paco" Urondo nació en Santa Fe en 1930. Poeta, periodista, académico y militante de la organización Montoneros, donde pertenecía al equipo de prensa.


"Ya no soy/de aquí: apenas me siento una memoria de paso"

escribió en uno de sus últimos poemas.


AMARLA ES DIFÍCIL
de Francisco Urondo

Es buena, cuando duerme;
el calor de su cuerpo es un puñal de vidrio
que remonta los sueños.

Cuando calla, es buena
y su voz una premonición olvidada y peligrosa
que arruina el silencio.

Cuando grita o llora
o se lamenta o se divierte o se cansa,
nada puede contener
este dolor alegre que envenena
mis sueños y mi soledad.
Por eso es difícil pensar
en ella, en su cara bondadosa;
abandonarse; por eso
es una cobardía retenerla
y dejarla ir, una pavorosa crueldad.
A veces, cuando lo pienso,
no sé qué hacer con ella,
con este destino luminoso.


FIN Y PRINCIPIO

Estoy en los ruidos de la tristeza,
en las tablas de la perdición,
en el aire de este tiempo maldito, infortunado;
llovizna criminal y sucia.

En aventuras, en la queja
del muerto y el terror de los vivos y el soplo
de los convalecientes.

Estoy en el clamor encontrado, fuera
de la felicidad y el fascismo y el olvido sin escuchar
la clausura y la ausencia,
sin tolerar la conmiseración, o desconocer
la alegría o la bondad o el dolor del caído.

Sin sentir resignaciones, sufriendo con rabia
la esperanza, viviendo a mi manera.


LA PURA VERDAD

Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.

Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:

siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.

Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.

Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.

Me averguenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,

un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.

Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.

Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.

El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algún día.

Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la Cenicienta,
aunque algunos
me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.

No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.

La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.

Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:

sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no sirve y se corrompe.

Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.

Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida

Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.

Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme

Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.


LA VERDAD ES LA ÚNICA REALIDAD

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o
de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el ángelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente el presente, pero
pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso
cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad
como
la esperanza recatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse, a rescatar
lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

(Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973)


DEL OTRO LADO

Cuando estuvimos desesperados, alguien
contó la historia.

No se la puede escuchar serenamente, tiemblan
las manos, el corazón se encoge de dolor;
da un poco de miedo mirar a la gente, detenerse.

Ocurre lo de siempre.

Estábamos perdidos y la historia era confusa. Nada
tenía que ver con la certeza, ni
con el muslo de la bataclana. No
intervinieron traiciones; no es
una vulgar historia de fervores o de mantenidas.

Tu mano es necesaria para sobrellevarla. También
aquella vez (siempre aquella vez) apagaron
las luces y fue necesaria la presencia de tu mano.

Nos apretamos las manos en la sala impenetrable, temblamos
ante la cólera que aún no se había manifestado, que nunca
llegaría a marcarnos como sospechábamos, sino
de otra manera. Nuestras manos
procuraban ordenar el temblor, dominar el doloroso pánico;
y todo porque Humphrey Bogart había resucitado.

Estábamos perdidos en aquel
cine y él no era como el redentor; su cruz
no era un mandato, era
la inteligencia del hombre, era la resurrección
de la ciencia y de nuestros queridos finados.

Hace mucho que nos pasó esto; la mano
fría del cadáver impenitente
rozaba los sueños,
acariciaba nuestros tiernos rostros despavoridos.

Desde aquella vez no sabemos qué hacer con las historias,
con los muertos que no aceptan su desdichada condición, no
sabemos qué hacer con el miedo; no sabemos
encontrar nuestras manos, nuestra
tristeza. El mundo inconsistente.

Hubo muchas anécdotas como ésta ¿Quién
no tiene cosas horribles que contar? ¿Quién no tiene
su historia? Pero nadie supo qué decir, nadie supo
qué hacer, cuando alguien contó la historia.

Seguramente al escucharla buscarás una mano; será
como antes, pero enseguida
intentará olvidar que estuvimos tristes o asustados.

Tampoco sabrás qué decir cuando se haga tarde; lo de siempre:
tendrás ganas de llorar, y nada más.

Nadie esperaba una historia como ésta, tan lamentable ¿Por qué
no llorar entonces? ¿Por qué no perderse en la
espesura de la sala?

Se derramará sobre tu memoria,
como el alcohol que se vuelca entre los nervios y la madrugada;
la historia sobrevolará tu linda cabecita,
será un cuervo que sacudirá tus entrañas corrompidas,
que despeinará cariñosamente tu pelo.



"...le han reprochado a Paco su capacidad de arriesgar la vida por un ideal...
...no podía vivir sin oponer su belleza a la injusticia, es decir, sin respetar el oficio que más amaba."
Juan Gelman sobre Paco Urondo


"Ya no soy/de aquí: apenas me siento una memoria/ de paso. Mi confianza se apoya en el profundo desprecio/ por este mundo desgraciado. Le daré/ la vida para que nada siga como está".

Fue –es– uno de los poetas en lengua castellana que con más valor y lucidez, y menos autocomplacencia, luchó con y contra la imposibilidad de la escritura. También luchó con y contra un sistema social encarnizado en crear sufrimiento, para que el mundo entero entrara en la historia de la alegria.
Las dos luchas fueron una sola para él. Ambas lo escribieron y en ambas quedó escrito. "
JUAN GELMAN












PACO URONDO
SU OBRA


A SU LADO

No serán muertos los pasos del amor; vacío
vino al mundo, tibio aún
por el viento que lo aposentaba
tan deliciosamente.

Y la tibieza fue
frío y el agua piedra
y las sombras cuchillos y el grito, la primera vez.

Lloró como nunca no fueron
los muertos los pasos del amor-, pudo hablar
y mentir y deslizar su vida y su alegría
hasta quedar harto de leche y sueños, y olvidar
y empezar a morir como todos:

un día cualquiera termina
el año, el sol termina
y comienza todo donde una mano empieza.

Su mano, su calor
llegado desde del vientre
hacia mí; inspirado por otro calor,
para levantar ahora los pasos del amor,
para impedir que mueran.

Por eso, aquélla o ésta, principio
o fin, madre o amante; ella
estará donde mis ojos vayan.

LA VUELTA AL PAGO

No quiero volver
a ese lugar
intransitable
y escuálido donde todo parece dormido.

Quiero calor,
dolor; sin soledades
sentir
alegría, a pesar de todo.

No quiero ausencias,
ni lágrimas. No me gustan
la madres, ni las caricias, ni los buenos entendidos:
fortunas quietas, venturas inanimadas:
llegar de otros lugares,
para volver. Regresar
a mi punto de partida,
verterme como una jarra seca y consecuente.

No quiero seguir durmiendo
junto a esa fuente
que ninguna sed calma. Propongo
vivir sin dominios, simplemente.

No tengo ganas de regresar,
que mi santo sepulcro no pretenda esperarme. Quiero
inventarlo a último momento
sin pensar demasiado, sin mucho rencor,
cuando sea necesario.

OTRA COSA

Queridos hijitos, su papá poco sabe de ustedes
y sufre por esto. Quiere ofrecer un destino
luminoso y alegre, pero no es todo
y ustedes saben:
las sombras,
las sombras,
las sombras,
las sombras,
me molestan y no las puedo tolerar.

Hijitos míos, no hay que ponerse tristes
por cada triste despedida:
todas lo son, es sabido,
porque hay otra partida, otra cosa,
digamos,
donde nada,
nada
está resuelto.

CADA DÍA QUE PASA

Sin excepción, casi por naturaleza o desatino,
todos los días, a la mañana, temprano,
ando por este camino. Llego tarde al trabajo y con
alegría, cuando
es necesario llegar más temprano
y con indignación o repugnancia o sed
de venganza o rabia. Todo esto
no me martiriza ni me apena, aunque parezca
lo contrario y tenga olor a traición; sé muy bien,
con toda impaciencia, que el ocio
llegará algún día con la revolución. Y que ni una cosa
ni la otra vienen de la tristeza o de la impotencia.

Voy cansado, es cierto, harto como todo el mundo que se precie,
o con desaliento; pero nunca falta
alguna cosa, un olor,
una risa que me devuelva,
para valer la pena; recién entonces empiezo a convencerme;
calles sucias y bocinas y el tráfico
alucinado y dormido todavía; viejos conocidos,
como el destino
o la bruma de la ciudad. Y
el mal semblante; la desconfianza
en los ojos, en los grandes ojos de la gente
hechos para volar. Manos enrarecidas
que rodean
la calle sitiando su respiración. Dominados
del mundo; empleadas
tersas y vulgares bajando
de coches lujosos de los dueños
de otras empleadas, y así sucesivamente.


DOS LÍNEAS DE FIEBRE, MAREOS Y PRONÓSTICOS

Oigo tu paso que se acerca o se
despide; revolcar la sangre, el odio; conocer,
reconocernos. Saber para qué sirven
los fracasos, las victorias del amor. Dejar
que a tu rincón se siente quien no debe sentarse.

Sin poder iluminarte; embarazada, sepultada,
mejor que valga la pena, que todo salga bien. Perdón
y desconfianza: tu pesado calor
es una muela de reproches
y agradecimientos y ternuras y miedos.

Rastro luminoso y cálido, perdido
para encontrarme. Rastro de la verdad que alcanzo
a tocar, rescatado por mi flagrancia vacilante, hirviendo
de terror. Rostro que levantamos para destrozar.

De una punta a la otra de la verdad,
voy a levantar tu nombre, como si fuera mi brazo derecho.


EL OCASO DE LOS DIOSES

No hay nadie en la calle, en los ruidos húmedos,
en el vuelo de las hojas y mis pasos quieren reiniciar
las maderas de la adolescencia.

Pero todo está abandonado, no hay nada que pueda
favorecernos; ningún aire de inconsciencia,
ningún reino de libertad. Sólo hábitos tolerantes haciendo
crujir nuestra memoria. "Ha estado bien", decimos.

Dueños del incendio, de la bondad del crepúsculo,
de nuestro hacer, de nuestra música, del único
amor incoherente; soberanos de esa calle donde los
tactos y la impresión hicieron su universo.

Las sombras acarician aún sus veredas, tu mismo
nombre y tu gesto son una forma nocturna que en
esa constelación crece y sabe enrostrar nuestra culpa.

Y todo termina con una esperanza, con una dilación
–"ha estado bien"–, o en un bostezo, o en otro
lugar donde es menester el coraje.

de "Historia Antigua", de Paco Urondo. © Herederos de Francisco Urondo


ALGO
a Rubén Rodríguez Aragón

con tu muerte
algo vendrá
algo que jamás sacudió
tu conciencia

no importará
la tierra que te rodea
el árbol que te soporta
el agua que admitió tu pereza

no será algo
que ahora retumba en tu memoria
ni las resonancias que prefirió olvidar

vendrá algo sin vínculos
una lluvia sin pasado
sin gestos censurables
o bondadosos

no estará en juego
tu salvación
tampoco el olvido
ni el arrepentimiento

el "ángel tuerto"
no vendrá a consolarte
no será necesario
y olvidarás también el consuelo

para tu corazón
no habrá consuelo el día en que caigas

no habrá estaciones
ni pájaros
ni trenes
ni alcohol
ni sangre penosa que aguantar

no por eso habrá descanso
el día en que llegue algo que no suponías
algo que vendrá a reclamar
el lugar en el mundo
que supiste negarle

una indescriptible culpa
haciendo estallar las huellas
que minuciosamente lograbas distribuir

ningún rastro

con tu muerte
vendrá una nueva
y desconocida vergüenza



“POEMAS POSTUMOS” DE PACO URONDO

MILONGA DEL MARGINADO PARANOICO


Parece mentira
que haya llegado a tener
la culpa de todo lo que ocurre
en el mundo; pero es así. Han tratado
de disuadirme psicólogos y sociólogos de mi tiempo,
me han dado razones de peso técnico largamente
formuladas y
parcialmente ciertas. Pero
yo sé que soy culpable de los dolores
que aquí siento y recorren el mundo; de las soledades
que lo van vaciando: quisiera saltar
como Juan L. Ortiz, vociferar
como Oliverio Girondo, pero: primero, ellos me ganaron
de mano; segundo, no me sale bien y aquí
empieza todo nuevamente: otro sufrimiento
igual a diapasones y recursos
que conozco perfectamente y que no vale la pena
repetir: primero, para no emularlos; segundo, porque
tendré que ir
reconociendo que no he sabido
hacerme entender. Y esto es agudo como un ataque
que nos traga la lengua; pido entonces disculpas
por la mala impresión, por las exageraciones.


NO PUEDO QUEJARME

Estoy con pocos amigos y los que hay
suelen estar lejos y me ha quedado
un regusto que tengo al alcance de la mano
como un arma de fuego. La usaré para nobles
empresas: derrotar al enemigo– salud
y suerte–, hablar humildemente
de estas posibilidades amenazantes.

Espero que el rencor no intercepte
el perdón, el aire
lejano de los afectos que preciso: que el rigor
no se convierta en el vidrio de los muertos; tengo
curiosidad por saber qué cosas dirán de mí; después
de mi muerte; cuáles serán tus versiones del amor, de estas
afinidades tan desencontradas,
porque mis amigos suelen ser como las señales
de mi vida, una suerte trágica, dándome
todo lo que no está. Prematuramente, con un pie
en cada labio de esta grieta que se abre
a los pies de mi gloria: saludo a todos, me tapo
la nariz y me dejo tragar por el abismo.


MUCHAS GRACIAS

Sirve y me inclino
ante tu palabra, luz de mi pensamiento. Abrirán
las puertas, dejarán entender: los artistas, los
intelectuales, siempre
han sacudido el polvo de la realidad; descubrieron
caminos, emancipaciones
que no siempre lograron recorrer: era
prematuro en algunos casos, en otros fue distinto
– convengamos–, otras palabras son, bajar
la corredera de la mira, buscar con el guión
y dar justamente sobre algo que puede
moverse; un bulto,
un meneo a menos de cien metros
de tu corazón vulnerable, también enemigo.

La suerte ha dejado aquí de andar
fallando: se encendió la luz y pudo verse el caos, las
flagrancias: esa mano
allí, esta codicia; el miedo y otras mezquindades se pusieron
en evidencia y el amor
no aparecía por ninguna parte. Recompuestos
de la sorpresa, rendidos ante los hechos, nadie
pudo negar que en este país, en este
continente, nos estamos todos muriendo de vergüenza.

Aquí estoy perdiendo amigos, buscando
viejos compañeros de armas, ganándome tardíamente
la vida, queriendo respirar
trozos de esperanzas, bocanadas de aliento; salir
volando para no hacer agua, para
ver toda la tierra y caer en sus brazos.

de "Poemas póstumos", de Paco Urondo. © Herederos de Francisco Urondo

Amor y revolución
Carta abierta
(fragmento)

Querida mía, esto que debió ser una conversación
serena o quieta, un reencuentro en un bar, como hacen
los amantes ya desavenidos; un lugar cualquiera bajo el sol,
cobijando del relámpago y el viento, un sitio
en el mundo para recibir una carta o conversar de algo
que, sin duda, siempre quise decirte
secretamente, sin testigos y que ahora se convierte
en una pública confesión, sin ninguna
intimidad. Una oda o una elegía, no
lo sé bien; palabras
con significados ciertos
o melancólicos, que representen nuestro destino
y hablen por nosotros y tiemblen antes de desaparecer.

Trepidaremos ligeramente frente a la sola fachada
del recuerdo, junto a los graznidos
inocentes, los graznidos impensados, los lindos
graznidos, los ásperos y filosos de la realidad.

Quería hablar a solas y solamente de nosotros. Admitir,
abrir la bondad; olvidar
por un momento que el orgullo bate
la mayoría de nuestros ademanes, incluidos
los miserables o los insignificantes. Ah mi viejo amor, hablar
de estas cosas es abrir una mano que hasta ese momento
era un puño; la mano se abre y los pájaros cubren
el cielo y el horizonte; una pluma
cae muy cerca nuestro y con alguna tristeza vemos
que algo se aleja, algo que guardábamos
en la mano cerrada, un pájaro que vuela y cubre
el espacio. Ya no hay razones para crisparse. Se quiere quejar
la mano vacía, quiere oír
y solamente la soledad la arrastra y la conmueve.
Quería poner las cosas en su lugar; hay un espacio
para cada cosa, una palabra para cada temblor, una disculpa
desencadenando toda arbitrariedad: el temor
ha proferido; ha dado aliento a la traición, pábulo
a la maravilla: tristeza
y rencor por un sueño, un gesto cálido y perdido.

Querida mía: soy un hombre que te pierde.

Así, esta carta puede ser muy bien una despedida
o una invitación para que abras ese calor que he conocido
a tu lado; esa promesa; ese amago. Es hora de tomar
decisiones; es una hora sin seducción: estamos a punto de
viajar; será
una partida en la que –a lo mejor- uno se despide del otro;
un viaje
en el que nos despediremos de muchas cosas; empezaremos
de nuevo juntos o alejados: el mar, el cielo
bajo, la condescendencia, el horror y los pozos
del aire y otros peligros
del amor húmedo y sin aire que nos secunda; este horizonte
todavía sin vida, que sólo nos espera
para vivir; esta tormenta
de verano que –por suerte- terminará por perdernos.



Entre sus obras:

POESÍA:

Historia Antigua (1956)
Bar "La calesita"
El ocaso de los dioses
Breves (1959)
Lugares (1961)
Nombres (1963)
Algo
Como bola sin manija
Del otro lado (1967)
Amarla es difícil
Dos líneas de fiebre, mareas y pronósticos
Del otro lado
Cada día que pasa
La pura verdad
Adolecer (1968)
Larga distancia (1971)
Poemas póstumos
Milonga del marginal paranoico
No puedo quejarme
Muchas gracias


PROSA Y TEATRO:

Todo eso (1966, cuentos)
Al tacto (1967, cuentos)
Veraneando y Sainete con variaciones (1966, teatro)
Veinte años de poesía argentina (1968, ensayo)
Los pasos previos (1972, novela)
La Patria fusilada (1973, entrevistas)

sin publicar:

Cuentos de batalla (1973-1976)
La verdad es la única realidad


Francisco Urondo, (Santa Fe, 10 de enero de 1930 - Mendoza, 17 de junio de 1976) escritor, guerrillero y militante político argentino.

Fue autor en colaboración de los guiones cinematográficos de las películas Pajarito Gómez y Noche terrible, y ha adaptado para la televisión Madame Bovary de Flaubert, Rojo y Negro de Stendhal y Los Maïas de Eça de Queiroz. En 1968 fue nombrado Director General de Cultura de la Provincia de Santa Fe, y en 1973, Director del Departamento de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Como periodista colaboró en diversos medios del país y del extranjero, entre ellos, Primera Plana, Panorama, Crisis, La Opinión y Noticias.

Imágenes y textos tomados de Internet





Francisco Urondo escribió: “Realmente, si un poeta, amigo mío, no ve las transiciones que saltan a su alrededor como brotes de lava humeante, mejor que deje de serlo, ceda ese guiso perfumado a otros olfatos más perceptivos”











BIOGRAFÍA


FRANCISCO URONDO
DATOS SOBRE SU VIDA

Dijo Juan Gelman:

-"Dicen que un escritor atraviesa al morir un purgatorio de veinte años en la memoria pública. El plazo está más que cumplido para ese gran poeta que fue –que es– Francisco Urondo, caído en combate contra la dictadura militar un día de junio de 1976, a los 46 de edad. Dejaba un libro inédito, Cuentos de batalla, que se perdió en la noche genocida. Como Rodolfo Walsh, como Haroldo Conti, Paco escribió hasta el final, en medio de tareas, urgencias y peligros de la vida clandestina. Para estos pilares de la literatura nacional nunca hubo contradicciones entre la militancia por una patria justa, libre y soberana, y la condición de la escritura. Cuando en este tiempo de la despasión se recuerdan las polémicas de los años sesenta –unos pretendían hacer la Revolución en su escritura; otros, abandonar su escritura en aras de la Revolución–, se percibe en toda su magnitud lo que Paco, Rodolfo, Haroldo nos mostraron: la profunda unidad de vida y obra que un escritor v sus textos pueden alcanzar.
No hubo abismos entre experiencia y poesía para Urondo. "Empuñé un arma porque busco la palabra justa", dijo alguna vez. Corregía mucho sus poemas, pero supo que el único modo verdadero que un poeta tiene de corregir su obra es corregirse a sí mismo, buscar los caminos que van del misterio de la lengua al misterio de la gente. Paco fue entendido en eso v sus poemas quedarán para siempre en el espacio enigmático del encuentro del lector con su palabra.
Buitres de la derrota –que siempre se han cuidado mucho cada centímetro de piel– le han reprochado a Paco su capacidad de arriesgar la vida por un ideal. Paco no quería morir, pero no podía vivir sin oponer su belleza a la injusticia, es decir, sin respetar el oficio que más amaba. El había escuchado el reclamo de Rimbaud: "¡Cambiad la vida!". Estaba convencido de que sólo de una vida nueva puede nacer la nueva poesía. Mi confianza se apoya en el profundo desprecio / por este mundo desgraciado. Le daré / la vida para que nada siga como está, escribió. Fue –es– uno de los poetas en lengua castellana que con más valor y lucidez, y menos autocomplacencia, luchó con y contra la imposibilidad de la escritura. También luchó con y contra un sistema social encarnizado en crear sufrimiento, para que el mundo entero entrara en la historia de la alegria. Las dos luchas fueron una sola para él. Ambas lo escribieron y en ambas quedó escrito."
JUAN GELMAN

La posibilidad de recorrer la poesía completa de Paco Urondo permite reinstalar la discusión sobre el arte político. En su libro El Otro Lado, escrito entre 1960-65, Urondo describe lo político en los hábitos y costumbres de la noche, en el cuerpo de una corista, en el deambular perdido de algunos borrachos. . "Una ética que nace de la estética, algo rarísimo y precioso", sostiene Gelman y suma: "Siempre he creído que el único tema de la poesía es la poesía y que por eso puede hablar de todo. Lo político y social ha estado presente, sea en los poetas griegos de hace veinticinco siglos o en el romano Cátulo de hace veintiuno y luego en Dante y luego en Shakespeare, para no mencionar a César Vallejo o Pablo Neruda. Háblese de Irak o del amor, lo que vale es que sea poesía y sólo poesía. Así ocurre en toda la obra de Paco Urondo", señala Gelman.

http://www.literatura.org/Urondo/Urondo.html

Francisco Urondo nació en Santa Fe en 1930. Poeta, periodista, académico y militante político, Paco Urondo dio su vida lunchando por el ideal de una sociedad más justa.
Su obra poética comprende Historia antigua (1956), Breves (1959), Lugares (1961), Nombres (1963), Del otro lado (1967), Adolecer (1968) y Larga distancia (antología publicada en Madrid en 1971). Ha publicado también los libros de cuentos Todo eso (1966), Al tacto (1967); Veraneando y Sainete con variaciones (1966, teatro); Veinte años de poesía argentina (ensayo, 1968); Los pasos previos (novela, 1972), y en 1973, La patria fusilada, un libro de entrevistas sobre la masacre de Trelew del '72. Es autor en colaboración de los guiones cinematográficos de las películas Pajarito Gómez y Noche terrible, y ha adaptado para la televisión Madame Bovary de Flaubert, Rojo y Negro de Stendhal y Los Maïas de Eça de Queiroz. En 1968 fue nombrado Director General de Cultura de la Provincia de Santa Fe, y en 1973, Director del Departamento de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Como periodista colaboró en diversos medios del país y del extranjero, entre ellos, Primera Plana, Panorama, Crisis, La Opinión y Noticias.

En un poema llamado "Solicitada", publicado en Poemas Póstumos, Urondo se despide en un texto que podría ser una versión íntima de La Carta Abierta a la Junta, escrita por Rodolfo Walsh años después, entrada la dictadura de Videla: "Ya no soy/de aquí: apenas me siento una memoria/ de paso. Mi confianza se apoya en el profundo desprecio/ por este mundo desgraciado. Le daré/ la vida para que nada siga como está.

Gelman recuerda ahora las circunstancias que rodearon aquel poema. "Nos veíamos poco en la época de la primera etapa del golpe, ejecutado por la Triple A. Vivíamos en la clandestinidad o semiclandestinidad. Estos versos dicen algo que todos sentíamos entonces: que queríamos cambiar el país, volverlo más justo, aun a costa de morir en el camino. No era difícil pensar en la muerte entonces, ante los secuestros y asesinatos reiterados que perpetraba la Triple A bajo el gobierno de Isabel".

Murió el 17 junio 1976, enfrentando a la genocida dictadura militar.
En una encerrona de fuerzas conjuntas de la policía y el ejército, muere en Mendoza. Tenía 46 años. "Empuñé un arma porque busco la palabra justa", dijo alguna vez.


http://www.psicofxp.com/forums/literatura.62/594342-francisco-urondo-la-palabra-justa.html


http://www.primerodeoctubre.com.ar/Archivo/historia/urondo.htm

En la década del ’50 fue frondizista; al inicio de la gestión de Arturo Frondizi, en 1958, fue Director de Cultura en la provincia de Santa Fe. Como toda la intelectualidad progresista que había apoyado a Frondizi, se alejó rápidamente dado el rumbo reaccionario que tomaba el gobierno. Luego participó en el Movimiento de Liberación Nacional, hasta su opción por la lucha armada, a fines del ’60. Su producción artística es enorme. Participó en revistas poéticas: Poesía Buenos Aires en la década del ’50 y Zona de poesía Americana, luego. Escribió obras de teatro, ensayos referidos a la literatura argentina contemporánea; fue guionista de películas, adaptó novelas a la televisión. Trabajó en diarios como Clarín y La Opinión y revistas como Panorama.

Urondo había sido apresado en febrero del ’73, junto a Lili Mazaferro, su hija Claudia; el compañero de su hija, Mario Lorenzo Koncurat, y Julio Roqué cuando las fuerzas represivas descubren la quinta que Urondo había alquilado por resolución de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) a las que pertenecía desde 1970, con el objetivo de realizar reuniones con Montoneros con los que estaban en tratativas para la fusión que pronto se plasmaría.

Llevaba con él estos poemas cuando lo abatieron. Escribió siempre, nunca dejó de escribir. Es decir, con su práctica rompió el prejuicio respecto de que hay una disociación elemental entre la militancia política revolucionaria, la toma de las armas, el ser un combatiente y el ser poeta y dedicarse al arte y la cultura.

CGT de los Argentinos, del sindicalismo combativo, formada en 1968. Perseguida por la dictadura de Onganía, sobrevivió hasta principios del ’69. El secretario general fue Raimundo Ongaro; responsable de la prensa, Rodolfo Walsh.

Incorporado ya a Montoneros y teniendo a cargo prensa de Noticias por 1975, Urondo se enamora de una joven: Alicia Cora Raboy, del mismo diario. La cúpula de la organización aprovecha la oportunidad para degradarlo con el argumento de que ha violado el código interno de ética, moral y buenas costumbres; por infidelidad, pues él aún vivía con Lili Mazaferro. Resuelve enviarlo a Mendoza, donde (como relatan Walsh y Verbitsky) había un alto nivel de represión y gran desarticulación en el grupo: ese traslado significaba ser colocado en riesgo de muerte. Urondo acepta ir allí por mayo del '76 y rápidamente muere en una encerrona policial. Iban en un Renault 6 con su esposa Alicia Cora Raboy, con la bebita de ambos, Angela y con una compañera montonera. Urondo tenía armas en el baúl pero no puede detenerse para buscarlas. Cuando comienzan a tirotearlos se defienden con armas cortas pero finalmente Urondo les dice a las mujeres que intenten escapar. El tiene un tiro en la espalda; cuando el auto se detiene por el impacto de las balas, ingiere una pastilla de cianuro (recomendación de Montoneros), igual lo rematan con otro tiro. La Turca escapa y Alicia intenta entregar la bebita a un hombre que estaba ahí, dueño de un taller. Ella es secuestrada, no aparece en el parte de la policía. Finalmente a Angela se la lleva la policía y la colocan en una casa cuna. El comisario coronel Sánchez Camargo envía a su responsable la siguiente nota: "remite a un menor lactante hija presunta de N.N. y de N.N. quien en la fecha fuera abandonada en un automóvil mientras se realizaba un procedimiento en este servicio con conocimiento de las autoridades de la 8° Brigada de la Infantería de Montaña. Tanto ella, la progenitora, como su padre, al ser evocados por la policía abandonaron a la niña dejándola en total desamparo material y moral. . ." (2003, 158/9) En Los Andes la noticia se tituló: "Abatieron en Mendoza a un delincuente subversivo".


Nota publicada en la edición Nº 57 (enero de 2004)

http://www.primerodeoctubre.com.ar/Archivo/historia/urondo.htm

Sobre su muerte Rodolfo Walsh escribió:

“El traslado de Paco a Mendoza fue un error. Cuyo era una sangría permanente desde 1975, nunca se la pudo mantener en pie. El Paco duró pocas semanas…Fue temiendo lo que sucedió, Hubo un encuentro con un vehículo enemigo, una persecución, un tiroteo de los dos coches a la par. Iban Paco, Lucía con la nena y una compañera. Tenían una metra pero estaba en el baúl. No se pudieron despegar. Finalmente Paco frenó, buscó algo en su ropa y dijo "Disparen ustedes". Luego agregó: "Me tomé la pastilla (de cianuro) y ya me siento mal". La compañera recuerda que Lucía dijo "Pero papá, por qué hiciste eso". La compañera escapó entre las balas, días después llegó herida a Buenos Aires…a Paco le pegaron dos tiros en la cabeza aunque probablemente ya estaba muerto”.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-2859-2006-06-17.html

Después de su muerte, sus poemas se deslizaron hacia el silencio incómodo, una forma del olvido, acaso la peor de todas. Durante buena parte de los ’80, se lo consideró un mero coloquialista, un autor de poesía de denuncia o de propaganda. En los ’90 se abrió un espacio de lectura y de recuperación de su obra que aún continúa.

“La poesía de Paco está absolutamente a salvo, su militancia nunca dañó su obra”, asegura Horacio Salas en diálogo con Página/12. “Hay algunos poetas-militantes que sufrieron ciertos avatares. Estoy pensando en Neruda, cuando escribió los poemas a Stalin, o en cierta zona de la obra de mi queridísimo Raúl González Tuñón. Pero Paco siempre resguardó una poesía de tono íntimo muy enriquecedora.” También poeta y periodista como Urondo, Salas cuenta que a Paco le gustaba caminar y trasnochar por Buenos Aires. “No lo puedo recordar sin su sonrisa, sin hacer chistes, sin tratar de levantarse alguna mina que andaba por ahí.” El autor de Lecturas de la memoria estaba exiliado en España cuando se enteró de la muerte del poeta. “Para mí fue un golpe terrible –admite–. Yo no estaba en Montoneros, pero eso nunca impidió que tuviéramos una excelente relación.” Daniel Samoilovich señala que la poesía de Paco es más bien “melancólica, de una cierta elegancia, y muy personal”. Y añade: “Quizá sea una de las elaboraciones más personales de la poesía del ’60”. El poeta y traductor advierte que, después de muchas idas y vueltas, “hoy permanece un intento de acercarse al habla usual, que en realidad ya había empezado con César Fernández Moreno”.

“Ahora no parece incompatible esa búsqueda del habla usual con un uso métrico más cuidado que en algún momento del ’60 se disolvió. No en los mejores, que siempre sonaron y suenan bien, como Juana Bignozzi, Gelman y Paco Urondo. Nunca cayeron en una cosa desmañada”, admite el autor de El carrito de Eneas y Las encantadas. Hacia fines de los ’70 y principios de los ’80, la obra de Paco fue una de las tantas “víctimas” que se cobró el retorno a la idea de una poesía alta y sublime. “El neorromanticismo y el neobarroco hicieron tabla rasa con la poesía del ’60. Plantearon una ruptura que colocaba en masa a toda la producción de esa época bajo el rótulo de coloquialismo, que no abarcaba la riqueza y la variedad de esa generación –explica Samoilovich–. En algunos casos se trataba de una reacción justificada frente a cierta vulgata; en otros, resultaba excesivo porque era negar una parte de nuestra propia historia que tenía posibilidades de más de una lectura.” El poeta y director de Diario de poesía publicó un dossier especial sobre Urondo en 1999, pero no siente que hayan sido precursores en la reivindicación de Paco. “No creo que estuviéramos solos en esta relectura; me parece que en los noventa empezó a abrirse un espacio para recuperar su obra, que continúa abierto”, observa Samoilovich.

Aunque para Daniel Freidemberg se modificó el lugar de Paco en la literatura argentina, dice que su reconocimiento sigue siendo un tanto ambivalente. “En gran medida el rescate de Urondo viene de la mano de su figura política, y no es nada injusto porque él era un combatiente y eso está relacionado con su poesía. Pero hay mucha dificultad para apreciar y darse cuenta de la calidad y de la extrema singularidad de su obra poética. Creo que la gente joven lo está empezando a descubrir”, plantea Freidemberg, poeta, periodista y crítico literario. “Urondo, en mi opinión, es un poeta extraordinario. Cuando lo leo, me da vergüenza escribir... ¡cómo se puede ser tan bueno!” El problema que percibe Freidemberg es que la obra de Paco se resiste a las clasificaciones. “No fue un gran renovador o un provocador, no planteó rupturas; no es un coloquialista, aunque sí tiene que ver con el coloquialismo. Tampoco está en la vanguardia de Poesía Buenos Aires, aunque estuvo vinculado con ella. No hay un lugar dónde ubicarlo fácilmente.”

“A través de formas muy distintas, de poemas cortos con muchos silencios, blancos y sobreentendidos, hasta los poemas casi conversacionales y omnívoros, que abarcan todo el mundo circundante, parecía escribir con una naturalidad absoluta –analiza Freidemberg–. Tenía algo que decir todo el tiempo, sin necesidad de destacarlo o llamar la atención. Es un poeta en el que importan mucho los silencios. Siempre hay algo que no está dicho.” El autor de Blues del que vuelve solo a casa y Lo espeso real, entre otros poemarios, pone el énfasis en la búsqueda intelectual de Paco. “Es como si él se estuviera revisando a sí mismo y al mundo y cuestionándose todo, lo que es totalmente coherente con su vida –argumenta Freidemberg–. No es una mirada nada fácil, sencilla ni simplista. Algo está faltando todo el tiempo, y al final la idea de participar en la lucha armada lo alivia de esa sensación, a pesar de que en su poesía hay mucha celebración de la vida, de los placeres, del amor, de las mujeres, de las bebidas y de la amistad. Era una persona extremadamente compleja que se hacía cargo a fondo de su complejidad. El se cuestionaba a sí mismo permanentemente y no se ajustaba a una fórmula o a una visión.”

A pesar de la evidente admiración que siente Freidemberg por Urondo, reconoce que sus últimos poemas, que integrarían el libro que se iba a llamar Cuentos de batalla –la mayoría se perdieron en la larga noche de la dictadura militar–, “no tienen el espesor de sus poemas anteriores”. Sin embargo, Freidemberg aclara: “No son panfletarios en el sentido de que nunca, en ningún momento de su obra, Urondo presupone un lector al que sea fácil convencer. Al final, sí se nota que es una poesía que está escrita en circunstancias donde lo principal que él hacía no era escribir. La poesía se convierte en un registro inteligente y muy cuidadoso de las razones que lo llevan a la lucha armada. Me recuerda a otro poeta combatiente, Miguel Hernández, que en plena guerra civil española consigue armonizar la escritura de poesía con estar en las trincheras”. Y tiene razón el querido Leónidas Lamborghini: “Urondo sabía lo que había que hacer”.

Por Silvina Friera

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-2859-2006-06-17.html


Página 12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-103990-2008-05-11.html

Domingo, 11 de Mayo de 2008

TRES MILITARES Y SEIS POLICIAS EN EL BANQUILLO

Juicio a los asesinos de Paco Urondo

Por Diego Martínez

Tres militares y seis policías retirados de Mendoza serán juzgados por el homicidio del poeta, periodista y militante montonero Francisco Urondo y la desa-parición de su compañera, Alicia Raboy, en junio de 1976. El juez federal Walter Bento clausuró la etapa de instrucción y dio vista a fiscal y querellantes para que formulen su acusación, paso previo al comienzo de las audiencias. Entre los imputados sobresale el general retirado Luciano Benjamín Menéndez, comandante del III Cuerpo de Ejército, del que dependían los asesinos del poeta. La investigación fue promovida por su hijo Javier Urondo, patrocinado por los abogados Pablo Salinas y Alfredo Guevara (h), del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos de Mendoza.

En mayo de 1976 Montoneros trasladó a Paco Urondo a Mendoza con la misión de rearmar una regional desangrada. Cayó el 17 de junio en una cita envenenada en Guaymallén. Iba en un Renault 6 verde con su compañera, la hija de ambos, Angela, y otra militante. Al llegar vio que su contacto estaba sentado en el asiento trasero de un Falcon. Era un operativo conjunto del Ejército y la policía. Los persiguieron treinta cuadras. Al verse cercado, hizo bajar a las mujeres para que escaparan. Raboy alcanzó a dejar a la beba en un corralón. Fue secuestrada, trasladada el Departamento de Informaciones (D2) de la policía y permanece desaparecida. La versión original de los hechos señala que Urondo ingirió cianuro para no caer vivo a una mesa de tortura. La autopsia del médico Roberto Bringuer lo desmiente. Sostiene que murió por “contusión craneoencefálica”, víctima de golpes en la cabeza.

Los otros dos militares retirados que serán juzgados son los coroneles Tamer Yapur, segundo comandante de la Brigada de Infantería de Montaña VIII, y Orlando Dopazo, jefe de inteligencia. Los policías son todos ex miembros del D2, donde funcionó el mayor centro clandestino de Mendoza. El comisario general Juan Agustín Oyarzábal era su segundo jefe. El sargento Celustiano Lucero es quien admitió haberle pegado “un cachazo” a Urondo en la cabeza. Eduardo Smaha Borzuk y Armando Fernández Miranda eran los encargados de la “inteligencia subversiva” del D2 y enlaces con la Brigada. El sargento Luis Rodríguez conducía el auto desde el que los ametrallaron. El médico Raúl Corradi será juzgado por encubrimiento, por documentar heridas de bala para justificar la versión del enfrentamiento.

Bento calificó los hechos como homicidio simple en el caso Urondo y privación ilegítima de la libertad en el de Raboy. “Coincidimos con el relato de los hechos pero pedimos que se considere la muerte como homicidio calificado por el concurso premeditado de varias personas, y el caso Raboy como homicidio criminis causa, porque su ingreso consta en registros del D2 e inferimos que la mataron para ocultar su secuestro”, informó Salinas. Urondo fue sepultado como NN en Mendoza. Sus restos fueron identificados en 2002. Tenía 46 años.

Solicitada publicada en la Revista Punto Final- Chile-22/5/1973







"La libertad es real aunque no se sabe bien/si pertenece al mundo de los vivos, al/ mundo de los muertos"








12 comentarios:

tanguetto dijo...

Caramba!!! que poeta.
Gracias Princesa.

lully dijo...

Hola apreciada Irma!!

Paco sí que me ha llegado con sus escritos y su filosofía de vida.
Gracias por este homenaje que hace que su memoria siga a través de la blogosfera.

"sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia".
Me impacta y quedo admirada por su convicción que lo llevó a la muerte.
Te abrazo Irma con los afectos de siempre!

Ah!! que la primavera y el otoño... qué bella forma de apreciar la naturaleza y abrazarte con ella.

SUsana dijo...

Hola Zafi-Safi: Amo las 2 estaciones que hoy comienzan.
Me encanta la tonalidad ocre cambiante el otoño. Ver como la sabia naturaleza cubre la tierra con hojas para proteger la tierra y penar porque los "sabios" humanos hacen montones con ellas y las queman...
Los poemas muy buenos, extremos, dolorosos. Bien lo define don Juan
Besos, SUsana

SUsana dijo...

Safiro:
No sé cual de las 2 hermosas estaciones se llevó mi comentario anterior. Me gustan los ocres del otoño, forman una paleta de colores que ni el más genial pintor lograría.
El poeta cuya obra difundís, vivió, escribió y murió de acuerdo a sus convicciones. Mis respetos.
SUsana

SUsana dijo...

Soy muy "tolola", no me acostumbro a que se guarden los comentarios. Juro que antes de mis 80 lo lograré.
Besos, sí reíte nomás,
SUsana

El Hippie Viejo dijo...

Hola Irma
coincido con Susana,
noooooooooooooo,
con "la Gimenez no"
(tenemos cada referentes, ay mamita!!!),
con la chica que comenta
antes aquí.

Puestos a elegir
me encanta el Otoño
es mi estación preferida
y después la Primavera,
será que con los años
me alejé de los extremos???

Recuerdo que cuando joven
moría por el Verano.

No se imagina lo que era el río de Quilmes por ese tiempo.

Pregunto:
¿quien de la zona y con unos cuantos años como yo
no ha ido aunque sea una vez
al río de Quilmes?...y después Punta Lara...y después El parque de la Ancianidad
(después de la caída del General)
parque Pereyra Iraola???
Sabe usted de lo que hablo, no?, jeje!!!

Amiga
es un día de mucho calor en Buenos Aires
creo que se va a poder comer afuera hoy
(es que voy a hacer un asadito para festejar la llegada del Otoño, jeje!)
espero que las mujeres no tengan frío.

¿Por qué será que ante la menor brisa ustedes tienen frío???,
no sé
son misterios que nadie ni nunca podrán ser develados.

Le dejo muchos saludos
y buen fin de semana!

besos

Adal

SAFIRO dijo...

TANGUETTO
Urondo fue un gran poeta sin dudas, tan grande que aunque quisieron que sus letras se perdieran en el olvido, no pudieron.

Gracias, Pablo

SAFIRO dijo...

Lully,
Gracias por tus palabras, hay mucha sensibilidad y entrega en Urondo, sus modos pueden ser compartidos o no, pero sus letras no se discuten.

Las dos más bellas estaciones del año para mi, que seas feliz en la que te acaricie en estos días.
Igualmente son cálidas y coloridas.

Un gran abrazo, Lully

SAFIRO dijo...

SUsana

Extremos y dolorosos los poemas de Paco Urondo, tanto como los momentos que se vivían entonces.
Debe haber sido una difícil elección la suya, yo no sabría juzgarlo en su parte de activista, pero su poesía me conmueve mucho.

En cuanto a estas estaciones del año, comparto con vos, son muy hermosas!

Que la disfrutes plenamente.

Besos, Susana.

SAFIRO dijo...

HIPPIE
Yo también coincido con Susana, en parte, con las dos Susanas.

Con la que Ud. no coincide, desde su lugar, yo sí lo hago y no solo con ella, sino también con Cacho Castaña, Sandro, Doña Rosa, Don Pepe y con todos los que les "tocó" de cerca ver la muerte de un familiar o amigo en manos de la delincuencia.
Pienso que si de Derechos Humanos hablamos, que se apliquen de la misma manera para "todos", quiero saber ¿donde estaban y quien vela por los Derechos de todas esas personas que fueron muertas en manos de la delincuencia?

¿Por qué ellos si, tienen derechos de matar, salir y volver a matar?
Algo mi querido amigo, no funciona, y cuando no hay leyes, o no se aplican debidamente, por cansancio la gente reacciona.
Y esto, no tiene que ver con mi postura política, que no es la suya, esto es básico y fundamnetal.
Ni la Sra. Susana Gimenez, ni los demás referentes, ni yo misma, somos golpistas a su gobierno...simplemente somos personas hartas de ver que no se hace nada y encima son "protegidos" por un sistema que nosotros no comprendemos, ni aceptamos.
Se pide el "Derecho a la VIDA" y que pague debidamente el que no lo respete. Puede decirme ¿en que no coincide? y no me venga con que dijo "pena de muerte", estaba furiosa, como lo estaría yo, en su lugar...a los extremos no se fue Susana, los extremos los vivimos día a día y nadie se da por enterado.

La "pena de muerte" ya está establecida, solo que no nos juzgan cuando salimos a la callé,simplemente nos "eligen" y simplemente "matan"...¡Total! al otro día salen para volver a delinquir.

A mi no me gusta el verano, ningún extremo, me gusta la calidez de las estaciones intermedias y son más románticas.
Nunca fuí al Río de Quilmes, solo de Quilmes conozco la cerveza.
Si, a Punta Lara, la Laguna de Montes, el Parque Pereyra Iraola, que siempre fue de los Pereyra Iraola, aunque su general les expropiara esas hectáreas arboladas y las llamara 'Parque de los Derechos de la Ancianidad', desde el 24 de febrero de 1950.

Antes y después de su general se llamó parque Pereyra Iraola.

Las mujeres percivimos hasta la más breve brisa, por que somos más sensitivas y sensibles...en todos los aspectos.
¡Cuestión de piel y temperamento!
También percibimos el dolor, la angustia y el cansancio en ustedes, los hombres.

Un abrazo, y ahora no me vengas a hablar de Boca...ya quedé agotada.

Besos

SAFIRO dijo...

dijé percibimos, y no me busque pelea, si usted sabe como pienso.

Abril Lech dijo...

Hay gente que mata por sus ideas.
Hay quienes matan porque no conocen otra forma de vivir.
Hay quienes matan en nombre de Dios.
Hay quienes matan por imponerse.
Yo no estoy de acuerdo con ningún tipo de violencia ya decir verdad me pone nerviosa hasta la leve violencia que puede provocar el desacuerdo. Por eso apelo a la paz. En todos los casos.

En cuanto al post... no conocía al poeta. Ahora se de quien se trata. Me admira la investigación exhaustiva que hacés Safiro de cada tema, es increíble el material que llegás a recolectar.

Te dejo un beso